sábado, 31 de julio de 2021
DE MASCOTAS PRESENTES Y PASADAS
miércoles, 30 de junio de 2021
LAS ALAS DEL DESEO
Las alas del deseo.
En el sueño teníamos la conversación que nunca fue, la que yo me merecía pero fuiste incapaz de abordar. Estábamos embalando las cosas que te llevarías en la mudanza porque nos separábamos y era el día en que te ibas. Me decías que estabas enamorado de otra mujer y eso me desgarraba, pero yo comprendía. Hasta podía ver una expresión feliz en tu cara, y aunque me dolía, lo aceptaba. Por supuesto, como en todos los sueños, la casa no era esta casa, era un ámbito distinto, extraño.
Luego yo salía afuera, a un espacio verde y soleado. Me encontraba con D.R., mi primer amigo del siglo XXI, a quien hace muchos años no veo (exactamente desde el 15 de julio de 2010 en la Plaza del Congreso, cuando se estaba por votar la ley de matrimonio igualitario) Lo veía venir en sentido contrario a mí, dentro de un parque enorme en el predio de una empresa, bronceado y con un floripondio en la cabeza. Yo lo reconocí primero y lo abordé, “¿D.R.? ¿Qué haces aquí? ¿Qué es eso que te pusiste en la cabeza? ¡Te mandé un montón de mensajes por Facebook y nunca me contestaste, desgraciado!” Él se reía y yo: “Dale, abrazame, si total ya somos sobrevivientes”, y nos abrazábamos, y era un instante de felicidad. Me contó que venía a buscar trabajo, o que ya lo habían contratado y (como si fuera una gran suma) que iba a ganar $20.000… Íbamos a ser nuevamente compañeros de trabajo. Luego cada uno seguía su rumbo, yo iba en busca de un baño…
Al menos en el sueño se cerró una historia, yo cerré con mi deseo una historia que si fuera por vos habría quedado para siempre inconclusa. Pero también abrí la puerta a experiencias nuevas, a deseos nuevos, a nuevos personajes que llegarán.
martes, 25 de mayo de 2021
1987
Me estaba arreglando para ir al acto del 25 de
Mayo con la mayor de nuestras hijas que iba a primer grado; me vestí, me pinté un
poco. Él me observaba desde la cama y me dijo: “Estás muy linda. Vas a tener
que empezar a buscarte otro…” Yo protesté, ofuscada, “cómo se te ocurre, no
digas pavadas”. Hacía tres días que masticaba sola lo que los médicos me habían
dicho, cuando me citaron para darme el diagnóstico: leucemia mieloblástica
aguda. “Su marido tiene un cinco por ciento de posibilidades de sobrevivir”.
Salí del hospital como perdida, anonadada por la angustia, pero en el viaje de
regreso me sobrepuse para llegar a casa con la mejor cara y transmitirle optimismo.
Con eso viví tres días, sin saber cómo manejarlo, si debía decírselo o no, ni
cómo hacerlo. Pero esas palabras suyas me decidieron: él tenía conciencia de la
gravedad de su estado. Por eso tomé coraje y a la noche de ese 25 de Mayo le
conté (sin mencionar lo del cinco por ciento) lo que los médicos me habían
dicho, y cuál era el tratamiento a seguir que incluía un posible trasplante de
médula. Me compadeció él a mí por haberme callado semejante cosa durante tres
días, y a partir de ese momento se dispuso a luchar como un titán hasta el fin, en otra fecha patria.
martes, 27 de abril de 2021
LAS PREGUNTAS DE MATILDA
Matilda vive en una isla del Delta desde que era una beba. Iba con su mamá en un viaje habitual en la lancha colectiva, antes de cumplir tres años; arrodillada sobre el asiento y mirando hacia el exterior formuló en voz alta una pregunta:
- Agua del río, ¿adónde vas?
La pregunta no fue hecha a su
madre, ni a otro adulto, ni siquiera a otro niño o niña. Le preguntó al río, y
esa pregunta la dijo en voz alta, pero quién sabe qué otros interrogantes se
formaron en su cabecita mientras veía correr las casas de la orilla, formarse
olas al paso de la lancha, oscilar los juncos en un vaivén armonioso hacia uno
y otro lado.
A los tres años la mayoría de
los chicos comienza a manifestar un ansia insaciable de saber el por qué de
todas las cosas. Sus interlocutores son los adultos más cercanos, en cuyas
respuestas confían, pero no siempre las obtienen de manera satisfactoria.
Probablemente los adultos no estén preparados para dar todas las respuestas,
pero mucho menos, para aceptar que, en ocasiones, no conocen la respuesta adecuada.
Responder “no sé” propiciaría una búsqueda conjunta, y también, una actitud
filosófica que fomentara el asombro y la pregunta como camino, más que la
necesidad de arribar a una respuesta que cierre el problema. Fomentar el
asombro enriquece la curiosidad del niño y lo entrena para continuar buscando
saber. El adulto que perdió su capacidad de asombro y su curiosidad responde “¡Dejame vivir!” al niño que lo acosa con sus preguntas. De esa
forma no hace sino truncar una capacidad aparentemente innata de filosofar. Y
es que la filosofía no resuelve los problemas sino que los crea.
El asombro
parece ser la causa del deseo, la apetencia por saber. Cuando las respuestas
míticas no satisfacen ese afán, el filósofo busca los primeros principios o
causas. Así, Tales de Mileto se cae reiteradamente en los pozos por ir mirando
el cielo, o por preguntarse si el arché es
la humedad, el agua. O el filósofo contemporáneo Darío Sztajnszrajber emprende
un viaje en colectivo sin saber muy bien hacia dónde, más interesado por
hacerse preguntas y buscar el fundamento de todas las cosas que por llegar a un
destino. El movimiento constante que despertaba el asombro de Heráclito, o el
de Matilda viajando por el río. Tal vez, para una niña que vive plenamente su
“edad de los por qué” no
exista la conciencia del filosofar, y todo dentro de su mundo no sea más que
juego. Tal vez cuando ella llega a su muelle y baja de la lancha ya olvidó la
pregunta que hizo al río y se pone a jugar. Tal vez la filosofía no
sea más que jugar, asombrarse y preguntar.
jueves, 22 de abril de 2021
DE RISAS Y LLANTOS ESCOLARES
En estos días que tanto se dijo sobre los niños que lloran porque no les permiten asistir a la escuela, recordé un episodio de mi niñez sanjuanina, cuando cursaba la primaria en la “Normal Sarmiento” de San Juan. En el mismo edificio que ocupa una manzana entera funcionaban el jardín de infantes, primaria, secundaria y profesorados de distintas asignaturas.
Si la memoria no me falla, estaba en segundo
grado, una de esas tardes de otoño en que el sol atravesaba las ventanas
altísimas, inalcanzables para nuestra estatura y estampaba manchas luminosas en
el piso de madera y en el pizarrón. Alguien vino a hablar con la “señorita”
Raquel. Cuando esa persona se retiró, la maestra pidió silencio y nos comunicó
que a partir de ese momento se suspendían las clases porque la escuela estaba
de duelo: había muerto un directivo del profesorado, un personaje totalmente ignorado
por estudiantes de siete años en ese momento.
Una compañerita, Susana, muy graciosa con su
cara redonda y su pelo crespo peinado en dos trencitas tomó la representación
de todos y se puso a gritar de contenta; imposible olvidar tanta alegría al
festejar que nos íbamos de la escuela, y se formó una algarabía general que
duró muy poco, porque la maestra, muy enojada, nos retó y nos dijo que éramos
poco menos que unos salvajes desalmados y no respetábamos la muerte de ese
señor desconocido. Nos llamamos a silencio, pero la alegría era indisimulable.
sábado, 17 de abril de 2021
CUCURBITÁCEAS
Cucurbitáceas (Cucurbitaceae) de la huerta doméstica, vulgo calabaza, o zapallo.
martes, 15 de diciembre de 2020
AL MACHO, ESCRACHO
“Al macho, escracho” se lee o se escucha cuando ocurre un caso de abuso por parte de un hombre, una violación, un femicidio. Hay cultores de la corrección política a ultranza que no están de acuerdo con escrachar a nadie. Algunas personas “progres” afirman sólo aceptar aquellos escraches que se hacía a los militares genocidas de la última dictadura cívico-militar-eclesiástica, antes de que el Estado asumiera la responsabilidad de buscar memoria, verdad y justicia.
Sin embargo, hay situaciones que todavía se consideran dentro del ámbito
de lo privado, por ejemplo, la infidelidad. Aun hoy hay una mirada diferente
hacia la mujer infiel (la puta, la insaciable, la adúltera) que hacia el hombre
(bueno, es hombre, seguramente que alguna chirusa lo calentó –otra mujer
culpable-, pero él es una buena persona). Hay casos en que la infidelidad es
recíproca, pero cada uno tiene sus aventuras sexuales fuera del matrimonio. Es
un pacto tácito de convivencia civilizada, si bien no se puede sostener mucho
tiempo, suele terminar en divorcio. Alguna vez salí con un tipo que “se estaba
separando”, en una ocasión le pregunté por su mujer y me contestó, muy suelto
de cuerpo “Y, andará cogiendo por ahí”. Hoy, en un sector social minoritario,
especialmente farandulero, se habla del “poliamor”, algo así como el amor
libre, que implica relaciones abiertas en las que, por consenso, una pareja
establecida puede tener encuentros amorosos fuera de ella sin que eso rompa el
vínculo.
Pero pensemos en la infidelidad dentro de una pareja cuyo pacto inicial es de compromiso y fidelidad mutua, en la que, pasado un tiempo y vaya a saber por qué conjunto de razones, el hombre tiene una aventura clandestina con otra mujer, o varias, y esto lleva a la separación porque su pareja no está dispuesta a tolerar ni perdonar, especialmente si el actor no da muestras de arrepentimiento ni de estar dispuesto a enmendar la plana, y también porque la confianza inicial se ha visto burlada y ya no hay posibilidad de recomponer la relación. Hagamos una aclaración en este punto: en una relación de pareja, está claro que no somos dueños del otro/ otra, simplemente hay un acuerdo en los términos de cómo se vivirá ese amor. Desde luego, influye la cultura, la moral, el mandato social, lo que fuere, siempre hay un marco de referencia. El tema de la infidelidad se supone que debe quedar en el ámbito privado; nuestras abuelas y madres, y aún algunas de nuestras coetáneas toleraron y toleran la infidelidad del marido porque, en definitiva, “él siempre vuelve a casa”, “él todas las noches duerme conmigo”, “conmigo es amor, con la otra es sólo sexo”. Esto en una etapa previa a la decisión de separarse, que, casi siempre, toma la mujer. En el modelo tradicional, la mujer separada sigue el mandato de la resignación, de tratar de reconstruir su autoestima mellada, de reparar las heridas que el otro le causó, pero calladita la boca. Si hay bienes en disputa se plantean en un juicio de divorcio, pero las cosas no van más allá. Sin embargo, en estos tiempos en que el feminismo atraviesa todos los actos de la vida, las mujeres tenemos la posibilidad de hacer público lo privado. De escrachar, de decir que el motivo de la separación está en las incontables infidelidades del tipo, como una manera de equilibrar el daño sufrido por parte de él, que la descuidó, que la expuso a transformarse en la cornuda pero también a contraer enfermedades de transmisión sexual. Hoy están las redes sociales en las que cualquiera puede publicar lo que quiera. Pero aquí aparece el modelo patriarcal de sociedad que subsiste: el hombre escrachado siente que está en peligro su “prestigio”, sus amigos, conocidos, clientes, alumnos, pueden enterarse de que el señor encantador al que tratan no es más que un sinvergüenza que ha traicionado a lo que supuestamente más amó, al menos un tiempo, y que no tuvo la valentía necesaria para salir de una relación que ya no lo hacía feliz. Se quedó, desprestigiándose solito y desprestigiando a la que decía amar, pero ahora que se ve expuesto está incómodo, está molesto, temeroso de que “la loca” lo haga quedar mal ante su círculo social. Entonces pide silencio, pide discreción, se pone como ejemplo de ésta diciendo que él no le ha comentado a nadie los motivos de su separación, ¡qué gracioso!, es lógico que no va a decir a los cuatro vientos “me separé porque mi mujer me echó por hacerla cornuda”. Mujer que debe seguir siendo modosita, calladita y buena, y no desprestigiarlo, pobre señor, no vaya a ser…
La buena noticia es que el feminismo habilita a las mujeres a
visibilizar aquello que antes se mantenía entre las cuatro paredes de la casa
en la que debíamos estar confinadas: lo que eran crímenes pasionales, gracias a
su visibilización, hoy se denomina femicidio; los golpes que los hombres
asestaban a sus mujeres y que pasaban por accidentes o caídas, minimizados por
las propias víctimas, hoy se llaman violencia de género, violencia doméstica; la
extorsión económica ejercida por los hombres sobre sus mujeres, hoy también se
ha blanqueado, la violación dentro del matrimonio, tan común y que antiguamente
era negada y las víctimas no podían hablar de ella porque sabían que no se les
iba a creer, hoy se ventila y se denuncia. Por lo tanto, señor que teme por su
ajado prestigio, ¡lo hubiera pensado antes! El feminismo no es para declamar o mostrar lo bien que usted puede lavar (de vez en cuando) los platos, el
feminismo abarca todos los ámbitos: organiza marchas por Ni una menos a las que
usted puede adherir, hace vigilias frente al Congreso durante el tratamiento de
la Ley de interrupción voluntaria del embarazo, que usted tiene derecho a
apoyar, pero también saca a la luz sus chanchullos de macho patriarcal y lo
deja desnudo en público. Aguántese la exposición, así como su mujer ha llevado
los cuernos durante tanto tiempo y a usted no se le movió un pelo. Tal vez las
pequeñas feministas que hoy se están formando logren que el día de mañana se
termine el mandato social del amor cortés, del matrimonio “para toda la vida”,
la familia tradicional en la que los varones “ayudan” con las tareas domésticas, la lista es interminable,
y el feminismo, un movimiento, es decir, algo que nunca está quieto y avanza,
no en línea recta, aleatoria y desprolijamente, empujando a gritos agudos
porque tenemos voz de mujer, pero siempre activo. El silencio queda para los machitos culposos o para los
cementerios.












