martes, 15 de marzo de 2011

QUIÉN FUERA MATILDE URRUTIA...


Cuando Orlando Castro Negrín me dijo "que se creía poeta" supe que era un poco de falsa modestia de su parte; días después me envió en un correo electrónico su soneto "Autorretrato", entonces confirmé que era un poeta de verdad. Fue el 7 de junio de 2004, tres días después de haber establecido contacto vía Internet. También me mandó una foto... y estaba lindo el cubano...

Autorretrato                                     
Tengo la fe de un animal extraño
vagabundo buscando su comida,
no puedo detener esa estampida
que se me viene encima con  los años;

y tengo la dulzura del estaño
al soportar mis penas reprimidas,
cierta costumbre de contar heridas,
deseos de escapar, hacerme daño.

Si por la tierra caigo en la torpeza
de no pensar en claro, mi cabeza
vuelvo atrás para ver qué la hace oscura...

¿Serán las vanidades de hojalata
o el santo oficio de meter la pata
cada vez que renuncio a la locura?


Fue apenas el comienzo de una profusa comunicación escrita que duró poco más de un año. Mis hijas, jovencitas, luego de escuchar la lectura que les hice de un largo mensaje de Orlando, captaron inmediatamente que se estaba gestando una historia de amor, y lo tomaron con toda su frescura y naturalidad. Yo me debatía entre la ilusión y los obstáculos reales que habría que saltar para, algún día, encontrarnos cara a cara... casi un imposible. 


No voy a relatar aquí los pasos que fuimos dando, los trámites burocráticos que padecimos, el dinero que fue escurriéndose a borbotones para cubrir la angurria recaudatoria (en dólares contantes y sonantes) por parte del estado cubano, que desalienta a quienes quieren viajar al exterior, agobiándolos con los permisos, certificados, y demás trabas que apuntan a hacer desistir al más  obcecado. Pero la determinación de Orlando no flaqueó un instante; él no me decía "si alguna vez bebemos vino", decía "cuando bebamos vino", infundiéndome confianza y seguridad en que las cosas, por difíciles que se presentaran, no serían imposibles. Lo imposible sólo tarda un poco más...
Tampoco transcribiré las largas cartas que nos escribíamos a diario, porque corresponden al ámbito íntimo y privado suyo y mío. Sólo quiero traer aquí la poesía con la que también me iba enamorando. El 29 de julio de 2004 recibí la primera poesía que escribió para mí. En ese tiempo no tenía conexión a Internet en mi casa, así que a hurtadillas en el trabajo durante el día, y desde un ciber durante las tardes o noches, si podía, disfrutaba mis momentos de comunicación. Fue una noche, fría, de pleno invierno, cuando con gran sorpresa me encontré con "No me salves", inspirada en "No te salves", de Mario Benedetti.


NO ME SALVES

No te quedes inmóvil
Al borde del camino
No congeles el júbilo
No quieras con desgana
No te salves ahora ni nunca
No te salves...
                Mario Benedetti
No me salves de tinta porque existo
En la palabra. No me salves, deja
Que me atropelle esa explosiva queja.
No me salves de un Dios que nadie ha visto.

No me salves de dudas mientras dude
Qué camino tomar o ante qué puerta
Traspasar el umbral si no está abierta.
No me salves del miedo que me ayude

A darme cuenta que mi paso es firme.
No me salves las ansias de expandirme.
No me salves tampoco de las malvas

Crepitaciones últimas del fuego.
No me salves de nada, te lo ruego.
No me salves de ti, pues tú me salvas.

Y al final del mensaje, leí: Este poema, es mi primer poema para ti. Te amo y te beso, Orlando . 
Por suerte el ciber tenía boxes bastante privados, así que nadie me vio llorar a chorros frente a la PC, entre agradecida e incrédula por ser merecedora de semejante inspiración, a miles de kilómetros, del hombre que había escrito aquello, y con quien aun no nos conocíamos personalmente.
Había quienes me advertían acerca de la "industria de los matrimonios" común en Cuba, según la cual, muchos cubanos se encuentran al acecho de extranjeros dispuestos a casarse, para que ellos puedan salir de la Isla. Y el grado de mayor perversidad de esas maniobras consistía en casarse, trasladarse a la Argentina y luego ir a instalarse a Estados Unidos, sin correr el riesgo de ser devorado por un tiburón en el Estrecho de La Florida... pero fueron las poesías que fui recibiendo en aquellos meses las que me aseguraron que mi amor no formaba parte de esa horrible actividad. Porque siguieron otras, escritas para mí, ¡y yo me sentía una Matilde Urrutia rediviva! Venían a borbotones, intercaladas con otras que luego serían publicadas en el libro "Yo no soy quien escribe", editado por Ediciones Matanzas en junio de 2005.
                                         
 Yo no soy quien escribe...

 Yo no soy quién escribe... ¿Quién lo sabe?  
¿De qué manera pruebo que no escribo?
¿Qué tácito graznar me anuncia vivo?
¿Qué clavo sin Jesús encarna suave

y ha de dolerme sin perdón? Ya todos
quieren soñar que parto y... ¿Cómo puedo
ser adorable y deshacer mi enredo
de pista yerma y un millón  de codos?

Yo no soy quién escribe, sólo empujo
vulgarmente la mano hasta el embrujo
o hasta el límite impúdico del tedio.

¿Qué  crédito tendrá esta poesía
si llega apocalíptica y vacía
cuando ya no me quede otro remedio?

El 5 de Agosto de 2004, nerviosa, con mucha incertidumbre, como si estuviera cometiendo un pecado y temerosa de ser descubierta en algo prohibido, pedí permiso en la oficina y me dirigí al Consulado Cubano, que funciona en una casona señorial de Belgrano, con el propósito de tramitar la "Carta de Invitación", primer paso para que Orlando pudiera al menos hacer el intento de viajar a la Argentina. Allí me enteré de que la figura legal "Separado" no existe en Cuba: allí se es Soltero, Casado, Viudo o Divorciado, nada de medias tintas... 
Días después recibí una nueva fuente de lágrimas de felicidad:

Ella


Ella está lejos
con el espíritu en las manos
punzando con sus lágrimas el trillo que acomoda
para un hombre que llega con su cuerpo a cuestas.

Ella está adentro y el milagro le arde.
No hay súbita extrañeza porque sabe qué hacer
cuando un hombre le llega.

Ella está cerca,
tan cerca que tropieza con un hombre
que la busca sin piedad
para pulirse el alma.
   
Ella era yo... nuevamente el asombro y la dulce sensación de estar viviendo una historia singular, maravillosa. En el mismo correo electrónico Orlando me anunciaba una carta escrita de su puño y letra, que recibí unos días después por el correo tradicional, con el encanto del misterio en un sobre cerrado, la emoción de rasgarlo prolijamente para no romper su contenido, y la alegría de ir descifrando la caligrafía bella, armoniosa, el corazón acelerado por la emoción. 
Se sucedían los mensajes, las llamadas telefónicas (yo debía llamar a Cuba, porque hacerlo desde allá a cualquier país del mundo, era y sigue siendo prohibitivo), las fotografías que nos enviábamos; unos meses después ya nos habíamos escrito miles de correos electrónicos, cientos de miles, millones de palabras, y habíamos hecho todos los trámites requeridos para que a Orlando le otorgaran la visa en el Consulado Argentino de La Habana. Gran revés fue aquél, porque la visa le fue denegada el 23 de Noviembre de 2004.

Es que el entonces Cónsul, Pablo Virasoro, no se tragó el cuento de que nos conocíamos a través de una amiga común, y que por nuestro afín interés por la literatura yo lo había invitado y él vendría a pasar quince días en Buenos Aires. Sospechoso cuento tratándose de un profesional empleado del Estado en Cuba, y de una empleada de empresa privada, sin cargo alguno y con sueldo apenas digno. La verdad era que nos habíamos conocido de manera fortuita a través de Internet, y que él venía para quedarse, nuestros planes eran quemar el pasaje de regreso, luego de una cena a la luz de las velas, ritualmente sobre la llama de una de ellas, y brindando con champagne a la salud del Cónsul...
Pero nos recuperamos rápidamente de aquél golpe, y pusimos en marcha el "Plan B", que consistía en que yo viajara a Cuba, y nos casáramos allá, para que esta vez no hubiera motivo de denegatoria. Cada uno en su lugar se sentía aislado, imposibilitado de cruzar el mar y borrar la distancia: cada uno en su Isla.



Vivo en una Isla desierta
donde recibo mensajes
en botellas de una mujer única.

Una mujer vive en otra Isla desierta
donde recibe mensajes
de un hombre solitario.

Hay un puente de botellas
por donde caminar sin peligro
hasta un encuentro  
donde él ya no será solitario
pero ella
no dejará de ser única.

Ahora me tocaba a mí tramitar el pasaporte, conseguir partidas de nacimiento, de matrimonios con divorcios al margen, comprar pasajes, visar el pasaporte (me costó algunos dólares la visa en el Consulado Cubano, pero tardé diez minutos en obtenerla, porque a nadie se le ocurrió suponer que yo me radicaría en Cuba...)
Después llegó el momento de viajar, historia que ya publiqué en este blog:    http://loimposiblesolotardaunpocoms.blogspot.com/2011/03/la-vida-no-es-literatura.html 

Y luego los cuatro meses de activa espera, Migraciones, Ministerio de Relaciones Exteriores, visa por reunificación familiar, la nueva entrevista de Orlando con el mismo Cónsul, sólo unos meses después de la denegatoria. En el medio, allá en Matanzas, Orlando presentó su libro de poesía, y se dio el gusto de regalarle un ejemplar a Virasoro; hasta que el 12 de agosto de 2005, al fin mi amor pisó suelo argentino. Durante esos meses de ansiedad y ejercicio de la paciencia, me escribió algunas poesías:

Laura

Desde cualquier parte me llegas,
Desde el suelo que hollamos 
Y recupero con mis pasos en soledad.
Me llegas como la médula a la voz,
Como la sangre al oído.

Desde cualquier parte
Que puede ser la parte
Más oscura y perdida de mi alma
... y me llegas, Laura, en el sueño,
en la espera,
en el vicio,
en la ruta,
y me llegas...
y me llegas...
y me llegas.

Desde siglos inconclusos
Desde el aire abatido,
Desde el agua impasible...
Simplemente me llegas.

Era la forma de revivir los momentos compartidos en Cuba, esos intensos días de marzo y abril, en La Habana, en Matanzas, caminando kilómetros y kilómetros por día para evitar las esperas de "guaguas" o "camellos" que tardaban horas, de esa forma pude conocer mucho más que cualquier turista que va con su paquete all inclusive y apenas ve una mínima porción de aquel mundo aparte que es Cuba, sin publicidades en las calles (como no sean las de la "Revolución Eterna"), con los puestos de guarapo helado, el Malecón, los edificios derruidos de La Habana Vieja, salvo el casco histórico que está puesto como un museo a cielo abierto. Todo merece que se escriba mucho más, y ordenadamente, será en otra ocasión, porque aquí he querido traer las poesías que, cual Matilde Urrutia inspiradora del poeta, mereció esta servidora:

La Tarde

La tarde es una sustancia mágica,
la opción para un café devocional,
una postura frente a frente.
La tarde, amiga fiel y timadora.

Yo aquí sentado
espero mientras tanto
la llegada de tu vuelo.


Orlando Castro de Aliaga (sic)




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