sábado, 5 de marzo de 2011

LA VIDA NO ES LITERATURA


Hay opiniones denostadoras de los talleres literarios, y creo que con bastante razón. Personalmente creo que muchos escritores de trayectoria, serios y prestigiosos, dictan, o  coordinan, o como quiera decirse, talleres literarios para aumentar sus ingresos, porque con sólo los derechos de autor, más algún premio de esos que se cobran mensualmente de por vida, como una pensión (el Premio Municipal de Literatura, por ejemplo, el cual desde el gobierno de Jorge Telerman no existe más, no sólo Macri desHace Buenos Aires) Digo, entonces, que los escritores se ponen a dar talleres literarios a fin de incrementar sus ingresos sin verse obligados a salir a vender celulares, y me parece bien, porque de esa manera siguen dedicados exclusivamente a su metier. 

También están los aspirantes a escritores, estudiantes de Letras, periodistas, poetastros, bibliotecarios y copistas, quienes, mediante avisos en el periódico Segundamano ofrecen el servicio tallerista a precios módicos, mucho más bajos que los de los escritores consagrados. Un escritor ya finado, muy conocido, quien integró el jurado de un concurso en el que fui premiada, en el año 1999 cobraba $150 pesos (por entonces dólares) por una hora y media de taller... yo quería que me ayudara a revisar mi novela Tarde, publicada recientemente en este blog, además de dejar aflorar los colmillos porque yo era una linda piba cuarentona por entonces, y él un señor maduro bastante ojoalegre. Pero se quedó con las ganas, y yo sin su taller, que tal vez me hubiera sido útil. 

Anteriormente tuve dos experiencias talleriles, la primera con Vicente Zito Lema, quien lo dictaba en la Escuela de Psicología Social de Alfredo Moffat, y si bien no era un riguroso taller literario, me resultó muy bueno desde el punto de vista de la expresividad, de soltar los sentimientos, la creatividad, además de sistematizar la lectura de otros autores, de los maestros. Tengo un buen recuerdo de Vicente y de quienes asistían a su taller, fue una bella experiencia, y de hecho, muchos años después, Vicente escribió el prólogo para mi novela.

Luego descubrí a Abelardo Castillo, a partir de su novela "Crónica de un iniciado" y me cautivó. Entonces me inscribí en su taller y fue realmente una etapa muy buena. Era una vez por semana, con horario de inicio pero no de finalización, de manera que muchas veces volví a mi casa por la madrugada. Abelardo Castillo es un bicho nocturno, así que a las 12 de la noche estaba fresco como una lechuga, hablando de Literatura, mientras la mayoría de sus alumnos nos moríamos porque veníamos de una jornada de laburo, sin solución de continuidad. Ese taller me obligó a leer muchísimo a los grandes escritores (una vida no alcanza para tanto), y aprendí ciertas reglas que desconocía. Sin embargo, el peso del maestro era tan grande, que una no podía dejar de compararse, y concluir siempre en que una era un "talento menor", que jamás le llegaría ni a los talones... Así que terapia mediante, lo dejé, convencida de que, en definitiva, lo único que sirve para escribir, es... escribir, y seguir leyendo, permanente e incesantemente. 

Entre las cosas que aprendí en el taller de Abelardo Castillo está que con buenos sentimientos no se hace literatura. Dicho en palabras más cínicas, para ser buen escritor primero hay que ser mala persona (una norma que también aplicaba Julio Cortázar). Bien, transgrediendo esta importante norma, publico aquí un texto escrito desde el puro sentimiento, una experiencia vivida, hace exactamente seis años. Hace seis años estaba volando hacia La Habana, Cuba, en una circunstancia muy especial, como queda relatado a continuación:


5/03/05

Vuelo 361 Buenos Aires – La Habana  4/3/05, 22.30 hs  CANCELADO

A las 10 de la noche unos empleados del Aeropuerto de Ezeiza anunciaron que la salida del avión estaba cuatro horas demorada, por problemas en la carga. Diez minutos después, que por desperfectos técnicos, no iba a salir hasta las 10.30 de la mañana del sábado 5. Empezó la odisea, confusión, disgusto, enojo de mucha gente.
Mi amor: lamenté la postergación (una más) de nuestro encuentro. Pero creo que la fuerza de nuestro amor permitió que en ningún momento perdiera la calma. Mi única preocupación era ahorrarte el disgusto de madrugar e ir al Aeropuerto José Martí a la hora convenida, y que no me encontraras. Me dolía tu contrariedad y tu angustia por mí. Después de casi cinco horas, llegué a un hotel al que me trasladaron (por cuenta de Cubana), adonde dormí, creo, no más de dos horas. Incomunicada, no me quedó otra alternativa que esperar a la mañana de hoy para intentar llamar antes de que salieras a buscarme. No contestaba nadie en el teléfono de Héctor. Llamé al de Julio, eran las 6 y cuarto de la mañana en Cuba. Me atendió una señora, entendí que era la abuela de Julio. Le dejé el recado, se lo tuve que repetir porque creyó que yo llegaría recién el domingo 6. Espero haber podido evitar que te fueras inútilmente al aeropuerto.
Ahora son las 9.30 de la mañana en Bs As; supuestamente el avión saldrá dentro de una hora. Ya pasó la tripulación a embarcar (¿enavionar?) Están mis compañeros de viaje alrededor. Poca gente sensata y coherente. ¡Escuché anoche cada estupidez, cada desatino! Hubo hasta quien propuso llegar a La Habana, buscar a Fidel y pegarle un tiro. Ya nos reiremos cuando te cuente. La gente (en general) habla porque el aire es gratis. Habla y opina sin saber. Por momentos me sentí avergonzada, no ya de ser argentina, de ser humana. Aunque del pasaje cubano que hay, a ninguno le escuché decir estupideces. La pobre empleada de Cubana que tuvo que dar la cara ante tanto desaforado estaba desencajada; es la misma a la que le regalé flores el día en que compré el pasaje.
Para mí esto es una experiencia más, de la que algún provecho habré sacado, seguramente, pese a que todavía me faltan horas para estrecharte como sueño desde hace 9 meses. Yo sólo sé que te amo, Orlando Castro Negrín, es lo único seguro y verdadero con lo que cuento.

11.30 hs.: El avión despegó, ¡por fin!, hace una hora y 20 minutos. El último pasajero en  abordarlo fue nada menos que el Canciller Felipe Pérez Roque. Lo reconocí desde mi asiento, mirando por la ventanilla. Unos instantes después de que él subiera, retiraron la escalerilla. Ahora me pregunto si la demora de más de 12 horas no habrá tenido que ver con él. Creo que viene de la asunción de Tabaré Vázquez en Montevideo, y no sería raro que por una necesidad suya hayan demorado el vuelo. Da un poco de rabia, pero por otro lado, es comprensible. Hasta el domingo a la noche no había otro, y seguramente Cuba no cuenta con recursos para ponerle a disposición otro avión al Canciller. Paciencia.
El momento de mayor emoción  es el del despegue: las turbinas a todo vapor, la velocidad al máximo, y ese salto de la tierra al aire...Me saltaron lágrimas porque pensé, este momento tan soñado, al fin lo estoy viviendo, pensé en vos, en que ya estamos a un paso de concretar nuestro encuentro, amor, y quiero estar plenamente consciente de que esto es un hito trascendente en mi vida, en nuestras vidas.
La ciudad de Bs As y sus alrededores son inmensos. No quiero que te pierdas eso. Apenas pude reconocer algunos lugares. Ahora vamos con rumbo al Norte, exactamente arriba del gran río Paraná. Supongo yo que sobre la provincia de Entre Ríos, o Corrientes: todo verde, campos sembrados y la ancha cinta marrón del río.
Viajan conmigo dos hermanos de 12 y 14 años, el de 12 va sentado al lado mío y es muy simpático. Me pregunta, “¿para qué escribís?” Se llama Gonzalo.
Me duelen las piernas de estar tanto tiempo quieta, y ayer por la noche caminé muchísimo de un lado al otro del aeropuerto de Ezeiza, que es enorme como una ciudad. No sé en qué condiciones físicas voy a llegar a tus brazos, mi amor, pero no me importa. Estoy feliz, de cualquier manera. Mi pobrecito amor, cómo estarás comiéndote las uñas.
En un rato espero almorzar, ya tengo bastante hambre, y vemos pasar bandejas con toda clase de manjares para la clase ejecutiva, pero a la clase turista, apenas un caramelito, y cuando pedí agua, tardaron unos 15 minutos en traérmela. Diría mi abuela, “en todas partes se cuecen habas”

16.20 hs: Nubes con formas de dinosaurios, de monstruos marinos. Ahora el mar de nubes me oculta lo que he venido viendo desde una altura abismal. Dormité poco más de una hora, después de almorzar, y luego me dediqué a contemplar hacia abajo, es un planeta bellísimo, he pensado mucho en Saint Exupery y su literatura aviadora (que acabo de bautizar). He visto, creo, estribaciones de Los Andes, tal vez Perú, Ecuador, lamento no tener a nadie que vaya diciendo a ciencia cierta por dónde vamos. Con mi compañerito de asiento, Gonzalo, parecemos los dos de 12 años, hacemos conjeturas, nos asombramos, del relieve de la tierra, de las pequeñas ciudades, los ríos, y ante la selva, todo verde, lleno de ríos. Luego, campos cultivados, poblados, puntos que brillan... Parece que el avión casi no se moviera. Hacia atrás y a mi izquierda, veo el ala, y parece que estuviéramos suspendidos en el aire. Ahora el sol también está a mi izquierda, al contrario de cuando salimos de Bs As, seguimos con el Norte adelante, ¿será porque mi Norte, mi brújula, mi amor, está esperándome allá?

17.05 hs: A las 16.50 pude ver el espectáculo de la costa norte del continente y cómo iba quedando atrás, ¡salimos de Sudamérica! Ahora sólo mar, pequeñas nubecitas que hacen sombra sobre la superficie del océano, olitas en miniatura.
No dejo de pensar en mis hijos (debo decir nuestros hijos, la incluyo a Daymara), ellos deben ver esto, experimentar este viaje, y todos los que puedan.


6/04/05: hasta ahí llegó la crónica del viaje que quedó inconclusa. Casi dos horas después de haber escrito el último párrafo, el avión aterrizó en tierra cubana, y 35 minutos después, te ví, de espaldas, imposible confundirte o dudar, eras vos, era mi amor con un ramo de rosas en la mano, eras el hombre más enamorado en todo el Aeropuerto. Y unos segundos después te diste vuelta, nos sonreímos, yo apreté el paso, y nos estrechamos en el abrazo tan esperado, tan ansiado por los dos, y descubrí tus ojos por fin, tu mirada que me subyugó, y sentí que era lo más natural del mundo estar así abrazados y besarnos, y volver a mirarnos a los ojos, y a abrazarnos de nuevo, no sé cuántos minutos pasaron hasta que me dijiste que a unos metros estaba tu mamá, entonces volví un poco a la realidad, y me emocionó abrazarla a ella y que fuera testigo de lo que estaba ocurriendo. 
 Laura Aliaga - 2005


7 comentarios:

  1. que lindo!!! me gustan las cronicas de viaje...y una duda: quien era el viejo ojoalegre?? si está finado no le va a molestar que nos enteremos...

    ResponderEliminar
  2. Si sos sagaz, mirando las fotos, y leyendo la publicación "Cuentos sin permiso" de este mismo blog, tal vez tengas pistas certeras...

    ResponderEliminar
  3. Hola, ¿cómo estás? Quería preguntarte cómo es posible ponerse en contacto con Abelardo Castillo y cómo es el proceso de admisión. Saludos y muchas gracias.
    Martín.

    ResponderEliminar
  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  5. Hola, Martín, hace años que no tengo contacto con Abelardo Castillo. Yo lo abordé medio de prepo en la Feria del Libro (1991 o 92), con un ejemplar de Crónica de un Iniciado, cuando estaba firmando en el stand de Losada... y ahí, cara a cara le planteé que quería concurrir a su taller literario, así fue. En cuanto a la admisión y permanencia, primero vas un par de meses, y él evalúa si continuas o no, de acuerdo a su criterio, si lo que escribís le parece interesante, valioso.
    No tengo idea si actualmente sigue dando talleres. Si llego a conseguir algún dato te lo paso...pero tendría que ser por correo privado, ¿te parece? Saludos

    ResponderEliminar
  6. ¡Muchísimas gracias! ¿A qué dirección te puedo mandar mi correo? (O si no, te lo puedo pasar por acá y moderás el comentario para que no aparezca en la página.)
    Y una última preguntita: ¿cómo eran las "clases" o reuniones en el taller de Abelardo? ¿Cada uno llevaba un texto y se leía en voz alta, por ejemplo? Mi idea para ese taller o para cualquier otro es mejorar e incoporar las críticas de los demás, pero pienso que quedé algo traumado después de ver "Storytelling" (http://www.youtube.com/watch?v=NjXWjurXoNA), sobre cómo funciona el taller literario de la película. (Digo en broma lo del trauma, pero creo que siempre está el miedo de leer algo y que te digan "a piece of shit".)
    Gracias otra vez.

    ResponderEliminar
  7. Bueno, espero un nuevo comentario con tu dirección de correo electrónico, no lo publicaré.
    Efectivamente, en el taller de A.C., cada uno leía su texto y lo comentábamos todos, incluido el maestro, y a veces Sylvia Iparraguirre, su esposa que es muy buena escritora y aportaba la parte académica. En cuanto a las críticas descalificatorias, bueno, es un riesgo que cada uno asume, si estás con la autoestima bien alta no te hará mella, si no, puede ser dañino. Prometo ver la película!
    Un cordial saludo

    ResponderEliminar